CARTAS A UN JOVEN POETA DE RAINER MARA RILKE PDF

Texto completo. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejsimos castaos, y lea en un libro. Profundamente sumido en la lectura, not apenas cmo se lleg junto a m Horacek, el sabio y bondadoso capelln de la Academia, el nico entre nuestros profesores que no fuera militar. Me tom el libro de las manos, contempl la cubierta y movi la cabeza.

Author:Tulkree Vudogal
Country:Uzbekistan
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):6 November 2010
Pages:441
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ISBN:851-2-26725-716-1
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Texto completo. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejsimos castaos, y lea en un libro. Profundamente sumido en la lectura, not apenas cmo se lleg junto a m Horacek, el sabio y bondadoso capelln de la Academia, el nico entre nuestros profesores que no fuera militar.

Me tom el libro de las manos, contempl la cubierta y movi la cabeza. Y, hojeando luego al azar, recorri algunos versos con la vista, mir meditabundo a lo lejos, e inclin por fin la frente, musitando: "As, pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta Horacek haba estado de capelln en aquel establecimiento y aun recordaba muy bien al antiguo alumno. El retrato que de l me hizo fue el de un joven callado, serio y dotado de altas cualidades, que gustoso mantenase retrado y soportaba con paciencia la disciplina del internado.

Al terminar el cuarto curso, pas junto con los dems alumnos a la Escuela Militar Superior de Weisskirchen, en Moravia. All, por cierto, echose de ver que su constitucin no era bastante recia, y as sus padres tuvieron que retirarlo del establecimiento, hacindole proseguir estudios en Praga, cerca del hogar.

De cmo sigui desarrollndose luego el camino externo de su vida, ya nada supo referirme Horacek. Por todo ello, ser fcil comprender que yo, en aquel mismo instante, decidiera enviar mis ensayos poticos a Rainer Maria Rilke y solicitar su dictamen.

No cumplidos an los veinte aos, y hallndome apenas en el umbral de una carrera, que en mi ntimo sentir era del todo contraria a mis inclinaciones, crea que si acaso poda esperar comprensin de alguien, haba de encontrarla en el autor de "Para mi propio festejo". Y sin que lo hubiese premeditado, tom cuerpo y juntose a mis versos una carta, en la cual me confiaba tan francamente al poeta como jams me confi, ni antes ni despus, a ningn otro ser. Muchas semanas pasaron hasta que lleg la respuesta.

La carta, sellada con lacre azul, pesaba mucho en la mano, y, en el sobre, que llevaba la estampilla de Pars, veanse los mismos trazos claros, bellos y seguros, con que iba escrito el texto, desde la primera lnea hasta la ltima.

Iniciada de esta manera mi asidua correspondencia con Rilke, prosigui hasta el ao , y fue luego enriquecindose poco a poco, porque la vida me desvi hacia unos derroteros de los que precisamente haba querido preservarme el clido, delicado y conmovedor desvelo del poeta. Pero esto no tiene importancia. Lo nico importante son las diez cartas que siguen. Importante para saber del mundo en que vivi y cre Rainer Maria Rilke.

Importante tambin para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y maana. Y ah donde habla uno que es grande y nico, deben callarse los pequeos. Sabr apenas hacer algo ms.

No puedo entrar en minuciosas consideraciones sobre la ndole de sus versos, porque me es del todo ajena cualquier intencin de crtica. Y es que, para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crtico, en el cual todo se reduce siempre a unos equvocos ms o menos felices. Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer.

La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holl palabra alguna. Y ms inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura. Dicho esto, slo queda por aadir que sus versos no tienen an carcter propio, pero s unos brotes quedos y recatados que despuntan ya, iniciando algo personal.

Donde ms claramente lo percibo es en el ltimo poema: "Mi alma". Ah hay algo propio que ansa manifestarse; anhelando cobrar voz y forma y meloda. Y en los bellos versos "A Leopardi" parece brotar cierta afinidad con ese hombre tan grande, tan solitario. Aun as, sus poemas no son todava nada original, nada independiente. No lo es tampoco el ltimo, ni el que dedica a Leopardi. La bondadosa carta que los acompaa no deja de explicarme algunas deficiencias que percib al leer sus versos, sin que, con todo, pudiera sealarlas, dando a cada una el nombre que le corresponda.

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a m, como antes lo pregunt a otras personas. Enva sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso.

Est usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debera hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. No hay ms que un solo remedio: adntrese en s mismo.

Escudrie hasta descubrir el mvil que le impele a escribir. Averige si ese mvil extiende sus races en lo ms hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesin, inquiera y reconozca si tendra que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir.

Ante todo, esto: pregntese en la hora ms callada de su noche: "Debo yo escribir? Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor inters y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acrquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor.

Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los ms difciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de s algo propio ah donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, lbrese de los motivos de ndole general.

Recurra a los que cada da le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dgalo todo con ntima, callada y humilde sinceridad. Valindose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imgenes que pueblan sus sueos.

Y de todo cuanto vive en el recuerdo. Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a l. Acsese a s mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una crcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, no le quedara todava su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarn que guarda los tesoros del recuerdo?

Vuelva su atencin hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. As ver cmo su personalidad se afirma, cmo se ensancha su soledad convirtindose Notas 1 Como entre los ms pequeos se hallan generalmente los traductores, no osamos anteponer al presente trabajo ningn prlogo propio, a pesar de ser muchas las cosas que quisiramos decir sobre Rilke, su vida, su obra y su influencia en las letras contemporneas.

Si bien aparecen a veces traductores de excepcional altura -Rilke mismo fue un traductor genial, y pudimos or un da en Hamburgo, de labios de Paul Valry, que cierta versin alemana hecha por el poeta praguense supera en mucho al original francs-, la inmensa mayora, entre cuyas ltimas filas nos encontramos, no pasa de desempear un modestsimo papel, aun cuando alguna que otra traduccin logre no ser del todo una traicin.

Justo es, por tanto, que se evite aadir a las ya numerosas deficiencias de una versin, consideraciones ms o menos acertadas acerca de un autor, sobre todo cuando ste es Rainer Mara Rilke, el mayor poeta de nuestro siglo.

Entre el insigne escultor francs y el joven poeta pensador nacieron a principios de siglo unas relaciones que se volvieron cada vez ms estrechas, convirtindose bien pronto en amistad perdurable, que dio magnficos frutos. Rilke vivi largas temporadas en Pars y lleg a ser, por algn tiempo, secretario de Rodin, sobre quien escribi el mejor libro existente acerca del maestro. A este matrimonio, del que naci una hija, sigui pronto la separacin.

Si bien en esta cuarta carta se dan algunos casos en que tal vez sera preferible traducir "Fragen", por "problemas", hemos optado por "preguntas", porque nos parece corresponder mejor a la palabra "respuesta" que casi siempre le sigue en el texto.

De emplearse la palabra "problema" habra que sustituir "respuesta" por "solucin", y esto nos apartara ms an del original. Adems, es posible que Rilke haya querido valerse simultneamente de ambos significados "pregunta" y "problema", y acaso no sera desacertado ponerlos as, juntos, en algunos pasajes de la versin castellana.

De ah que constituya a veces un problema el tener que decidirse por un vocablo u otro, sobre todo cuando se tiene la impresin de que Rilke quiere precisamente sacar provecho de esta riqueza de matices contenida en una sola palabra.

De esta ltima obra aparecieron traducidos varios trozos en distintas antologas espaolas y sudamericanas de las que slo conocemos la de la Coleccin "Quintaesencia" Ediciones de "La Gacela", Barcelona. Intereses relacionados.

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